quarta-feira, 28 de março de 2012

Mensagem de Bento XVI para a XXVII Jornada Mundial da Juventude


MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2012

“¡Alegraos siempre en el Señor!” (Flp 4,4)

Queridos jóvenes:
Me alegro de dirigirme de nuevo a vosotros con ocasión de la XXVII Jornada Mundial de la Juventud. El recuerdo del encuentro de Madrid el pasado mes de agosto sigue muy presente en mi corazón. Ha sido un momento extraordinario de gracia, durante el cual el Señor ha bendecido a los jóvenes allí presentes, venidos del mundo entero. Doy gracias a Dios por los muchos frutos que ha suscitado en aquellas jornadas y que en el futuro seguirán multiplicándose entre los jóvenes y las comunidades a las que pertenecen. Ahora nos estamos dirigiendo ya hacia la próxima cita en Río de Janeiro en el año 2013, que tendrá como tema «¡Id y haced discípulos a todos los pueblos!» (cf. Mt 28,19).
Este año, el tema de la Jornada Mundial de la Juventud nos lo da la exhortación de la Carta del apóstol san Pablo a los Filipenses: «¡Alegraos siempre en el Señor!» (4,4). En efecto, La alegría es un elemento central de la experiencia cristiana. También experimentamos en cada Jornada Mundial de la Juventud una alegría intensa, la alegría de la comunión, la alegría de ser cristianos, la alegría de la fe. Esta es una de las características de estos encuentros. Vemos la fuerza atrayente que ella tiene: en un mundo marcado a menudo por la tristeza y la inquietud, la alegría es un testimonio importante de la belleza y fiabilidad de la fe cristiana.
La Iglesia tiene la vocación de llevar la alegría al mundo, una alegría auténtica y duradera, aquella que los ángeles anunciaron a los pastores de Belén en la noche del nacimiento de Jesús (cf. Lc 2,10). Dios no sólo ha hablado, no sólo ha cumplido signos prodigiosos en la historia de la humanidad, sino que se ha hecho tan cercano que ha llegado a hacerse uno de nosotros, recorriendo las etapas de la vida entera del hombre. En el difícil contexto actual, muchos jóvenes en vuestro entorno tienen una inmensa necesidad de sentir que el mensaje cristiano es un mensaje de alegría y esperanza. Quisiera reflexionar ahora con vosotros sobre esta alegría, sobre los caminos para encontrarla, para que podáis vivirla cada vez con mayor profundidad y ser mensajeros de ella entre los que os rodean.
1. Nuestro corazón está hecho para la alegría
La aspiración a la alegría está grabada en lo más íntimo del ser humano. Más allá de las satisfacciones inmediatas y pasajeras, nuestro corazón busca la alegría profunda, plena y perdurable, que pueda dar «sabor» a la existencia. Y esto vale sobre todo para vosotros, porque la juventud es un período de un continuo descubrimiento de la vida, del mundo, de los demás y de sí mismo. Es un tiempo de apertura hacia el futuro, donde se manifiestan los grandes deseos de felicidad, de amistad, del compartir y de verdad; donde uno es impulsado por ideales y se conciben proyectos.
Cada día el Señor nos ofrece tantas alegrías sencillas: la alegría de vivir, la alegría ante la belleza de la naturaleza, la alegría de un trabajo bien hecho, la alegría del servicio, la alegría del amor sincero y puro. Y si miramos con atención, existen tantos motivos para la alegría: los hermosos momentos de la vida familiar, la amistad compartida, el descubrimiento de las propias capacidades personales y la consecución de buenos resultados, el aprecio que otros nos tienen, la posibilidad de expresarse y sentirse comprendidos, la sensación de ser útiles para el prójimo. Y, además, la adquisición de nuevos conocimientos mediante los estudios, el descubrimiento de nuevas dimensiones a través de viajes y encuentros, la posibilidad de hacer proyectos para el futuro. También pueden producir en nosotros una verdadera alegría la experiencia de leer una obra literaria, de admirar una obra maestra del arte, de escuchar e interpretar la música o ver una película.
Pero cada día hay tantas dificultades con las que nos encontramos en nuestro corazón, tenemos tantas preocupaciones por el futuro, que nos podemos preguntar si la alegría plena y duradera a la cual aspiramos no es quizá una ilusión y una huída de la realidad. Hay muchos jóvenes que se preguntan: ¿es verdaderamente posible hoy en día la alegría plena? Esta búsqueda sigue varios caminos, algunos de los cuales se manifiestan como erróneos, o por lo menos peligrosos. Pero, ¿cómo podemos distinguir las alegrías verdaderamente duraderas de los placeres inmediatos y engañosos? ¿Cómo podemos encontrar en la vida la verdadera alegría, aquella que dura y no nos abandona ni en los momentos más difíciles?
2. Dios es la fuente de la verdadera alegría
En realidad, todas las alegrías auténticas, ya sean las pequeñas del día a día o las grandes de la vida, tienen su origen en Dios, aunque no lo parezca a primera vista, porque Dios es comunión de amor eterno, es alegría infinita que no se encierra en sí misma, sino que se difunde en aquellos que Él ama y que le aman. Dios nos ha creado a su imagen por amor y para derramar sobre nosotros su amor, para colmarnos de su presencia y su gracia. Dios quiere hacernos partícipes de su alegría, divina y eterna, haciendo que descubramos que el valor y el sentido profundo de nuestra vida está en el ser aceptados, acogidos y amados por Él, y no con una acogida frágil como puede ser la humana, sino con una acogida incondicional como lo es la divina: yo soy amado, tengo un puesto en el mundo y en la historia, soy amado personalmente por Dios. Y si Dios me acepta, me ama y estoy seguro de ello, entonces sabré con claridad y certeza que es bueno que yo sea, que exista.
Este amor infinito de Dios para con cada uno de nosotros se manifiesta de modo pleno en Jesucristo. En Él se encuentra la alegría que buscamos. En el Evangelio vemos cómo los hechos que marcan el inicio de la vida de Jesús se caracterizan por la alegría. Cuando el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será madre del Salvador, comienza con esta palabra: «¡Alégrate!» (Lc 1,28). En el nacimiento de Jesús, el Ángel del Señor dice a los pastores: «Os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor» (Lc 2,11). Y los Magos que buscaban al niño, «al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría» (Mt 2,10). El motivo de esta alegría es, por lo tanto, la cercanía de Dios, que se ha hecho uno de nosotros. Esto es lo que san Pablo quiso decir cuando escribía a los cristianos de Filipos: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca» (Flp 4,4-5). La primera causa de nuestra alegría es la cercanía del Señor, que me acoge y me ama.
En efecto, el encuentro con Jesús produce siempre una gran alegría interior. Lo podemos ver en muchos episodios de los Evangelios. Recordemos la visita de Jesús a Zaqueo, un recaudador de impuestos deshonesto, un pecador público, a quien Jesús dice: «Es necesario que hoy me quede en tu casa». Y san Lucas dice que Zaqueo «lo recibió muy contento» (Lc 19,5-6). Es la alegría del encuentro con el Señor; es sentir el amor de Dios que puede transformar toda la existencia y traer la salvación. Zaqueo decide cambiar de vida y dar la mitad de sus bienes a los pobres.
En la hora de la pasión de Jesús, este amor se manifiesta con toda su fuerza. Él, en los últimos momentos de su vida terrena, en la cena con sus amigos, dice: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud» (Jn 15,9.11). Jesús quiere introducir a sus discípulos y a cada uno de nosotros en la alegría plena, la que Él comparte con el Padre, para que el amor con que el Padre le ama esté en nosotros (cf. Jn 17,26). La alegría cristiana es abrirse a este amor de Dios y pertenecer a Él.
 Los Evangelios relatan que María Magdalena y otras mujeres fueron a visitar el sepulcro donde habían puesto a Jesús después de su muerte y recibieron de un Ángel una noticia desconcertante, la de su resurrección. Entonces, así escribe el Evangelista, abandonaron el sepulcro a toda prisa, «llenas de miedo y de alegría», y corrieron a anunciar la feliz noticia a los discípulos. Jesús salió a su encuentro y dijo: «Alegraos» (Mt 28,8-9). Es la alegría de la salvación que se les ofrece: Cristo es el viviente, es el que ha vencido el mal, el pecado y la muerte. Él está presente en medio de nosotros como el Resucitado, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,21). El mal no tiene la última palabra sobre nuestra vida, sino que la fe en Cristo Salvador nos dice que el amor de Dios es el que vence.
Esta profunda alegría es fruto del Espíritu Santo que nos hace hijos de Dios, capaces de vivir y gustar su bondad, de dirigirnos a Él con la expresión «Abba», Padre (cf. Rm 8,15). La alegría es signo de su presencia y su acción en nosotros.
3. Conservar en el corazón la alegría cristiana
Aquí nos preguntamos: ¿Cómo podemos recibir y conservar este don de la alegría profunda, de la alegría espiritual?
Un Salmo dice: «Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón» (Sal 37,4). Jesús explica que «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo» (Mt 13,44). Encontrar y conservar la alegría espiritual surge del encuentro con el Señor, que pide que le sigamos, que nos decidamos con determinación, poniendo toda nuestra confianza en Él. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de arriesgar vuestra vida abriéndola a Jesucristo y su Evangelio; es el camino para tener la paz y la verdadera felicidad dentro de nosotros mismos, es el camino para la verdadera realización de nuestra existencia de hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza.
Buscar la alegría en el Señor: la alegría es fruto de la fe, es reconocer cada día su presencia, su amistad: «El Señor está cerca» (Flp 4,5); es volver a poner nuestra confianza en Él, es crecer en su conocimiento y en su amor. El «Año de la Fe», que iniciaremos dentro de pocos meses, nos ayudará y estimulará. Queridos amigos, aprended a ver cómo actúa Dios en vuestras vidas, descubridlo oculto en el corazón de los acontecimientos de cada día. Creed que Él es siempre fiel a la alianza que ha sellado con vosotros el día de vuestro Bautismo. Sabed que jamás os abandonará. Dirigid a menudo vuestra mirada hacia Él. En la cruz entregó su vida porque os ama. La contemplación de un amor tan grande da a nuestros corazones una esperanza y una alegría que nada puede destruir. Un cristiano nunca puede estar triste porque ha encontrado a Cristo, que ha dado la vida por él.
Buscar al Señor, encontrarlo, significa también acoger su Palabra, que es alegría para el corazón. El profeta Jeremías escribe: «Si encontraba tus palabras, las devoraba: tus palabras me servían de gozo, eran la alegría de mi corazón» (Jr 15,16). Aprended a leer y meditar la Sagrada Escritura; allí encontraréis una respuesta a las preguntas más profundas sobre la verdad que anida en vuestro corazón y vuestra mente. La Palabra de Dios hace que descubramos las maravillas que Dios ha obrado en la historia del hombre y que, llenos de alegría, proclamemos en alabanza y adoración: «Venid, aclamemos al Señor… postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor, creador nuestro» (Sal 95,1.6).
La Liturgia en particular, es el lugar por excelencia donde se manifiesta la alegría que la Iglesia recibe del Señor y transmite al mundo. Cada domingo, en la Eucaristía, las comunidades cristianas celebran el Misterio central de la salvación: la muerte y resurrección de Cristo. Este es un momento fundamental para el camino de cada discípulo del Señor, donde se hace presente su sacrificio de amor; es el día en el que encontramos al Cristo Resucitado, escuchamos su Palabra, nos alimentamos de su Cuerpo y su Sangre. Un Salmo afirma: «Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo» (Sal 118,24). En la noche de Pascua, la Iglesia canta el Exultet, expresión de alegría por la victoria de Jesucristo sobre el pecado y la muerte: «¡Exulte el coro de los ángeles… Goce la tierra inundada de tanta claridad… resuene este templo con las aclamaciones del pueblo en fiesta!». La alegría cristiana nace del saberse amados por un Dios que se ha hecho hombre, que ha dado su vida por nosotros y ha vencido el mal y la muerte; es vivir por amor a él. Santa Teresa del Niño Jesús, joven carmelita, escribió: «Jesús, mi alegría es amarte a ti» (Poesía 45/7).
4. La alegría del amor
Queridos amigos, la alegría está íntimamente unida al amor; ambos son frutos inseparables del Espíritu Santo (cf. Ga 5,23). El amor produce alegría, y la alegría es una forma del amor. La beata Madre Teresa de Calcuta, recordando las palabras de Jesús: «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35), decía: «La alegría es una red de amor para capturar las almas. Dios ama al que da con alegría. Y quien da con alegría da más». El siervo de Dios Pablo VI escribió: «En el mismo Dios, todo es alegría porque todo es un don» (Ex. ap. Gaudete in Domino, 9 mayo 1975).
Pensando en los diferentes ámbitos de vuestra vida, quisiera deciros que amar significa constancia, fidelidad, tener fe en los compromisos. Y esto, en primer lugar, con las amistades. Nuestros amigos esperan que seamos sinceros, leales, fieles, porque el verdadero amor es perseverante también y sobre todo en las dificultades. Y lo mismo vale para el trabajo, los estudios y los servicios que desempeñáis. La fidelidad y la perseverancia en el bien llevan a la alegría, aunque ésta no sea siempre inmediata.
Para entrar en la alegría del amor, estamos llamados también a ser generosos, a no conformarnos con dar el mínimo, sino a comprometernos a fondo, con una atención especial por los más necesitados. El mundo necesita hombres y mujeres competentes y generosos, que se pongan al servicio del bien común. Esforzaos por estudiar con seriedad; cultivad vuestros talentos y ponedlos desde ahora al servicio del prójimo. Buscad el modo de contribuir, allí donde estéis, a que la sociedad sea más justa y humana. Que toda vuestra vida esté impulsada por el espíritu de servicio, y no por la búsqueda del poder, del éxito material y del dinero.
A propósito de generosidad, tengo que mencionar una alegría especial; es la que se siente cuando se responde a la vocación de entregar toda la vida al Señor. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de la llamada de Cristo a la vida religiosa, monástica, misionera o al sacerdocio. Tened la certeza de que colma de alegría a los que, dedicándole la vida desde esta perspectiva, responden a su invitación a dejar todo para quedarse con Él y dedicarse con todo el corazón al servicio de los demás. Del mismo modo, es grande la alegría que Él regala al hombre y a la mujer que se donan totalmente el uno al otro en el matrimonio para formar una familia y convertirse en signo del amor de Cristo por su Iglesia.
Quisiera mencionar un tercer elemento para entrar en la alegría del amor: hacer que crezca en vuestra vida y en la vida de vuestras comunidades la comunión fraterna. Hay vínculo estrecho entre la comunión y la alegría. No en vano san Pablo escribía su exhortación en plural; es decir, no se dirige a cada uno en singular, sino que afirma: «Alegraos siempre en el Señor» (Flp 4,4). Sólo juntos, viviendo en comunión fraterna, podemos experimentar esta alegría. El libro de los Hechos de los Apóstoles describe así la primera comunidad cristiana: «Partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hch 2,46). Empleaos también vosotros a fondo para que las comunidades cristianas puedan ser lugares privilegiados en que se comparta, se atienda y cuiden unos a otros.
5. La alegría de la conversión
Queridos amigos, para vivir la verdadera alegría también hay que identificar las tentaciones que la alejan. La cultura actual lleva a menudo a buscar metas, realizaciones y placeres inmediatos, favoreciendo más la inconstancia que la perseverancia en el esfuerzo y la fidelidad a los compromisos. Los mensajes que recibís empujar a entrar en la lógica del consumo, prometiendo una felicidad artificial. La experiencia enseña que el poseer no coincide con la alegría. Hay tantas personas que, a pesar de tener bienes materiales en abundancia, a menudo están oprimidas por la desesperación, la tristeza y sienten un vacío en la vida. Para permanecer en la alegría, estamos llamados a vivir en el amor y la verdad, a vivir en Dios.
La voluntad de Dios es que nosotros seamos felices. Por ello nos ha dado las indicaciones concretas para nuestro camino: los Mandamientos. Cumpliéndolos encontramos el camino de la vida y de la felicidad. Aunque a primera vista puedan parecer un conjunto de prohibiciones, casi un obstáculo a la libertad, si los meditamos más atentamente a la luz del Mensaje de Cristo, representan un conjunto de reglas de vida esenciales y valiosas que conducen a una existencia feliz, realizada según el proyecto de Dios. Cuántas veces, en cambio, constatamos que construir ignorando a Dios y su voluntad nos lleva a la desilusión, la tristeza y al sentimiento de derrota. La experiencia del pecado como rechazo a seguirle, como ofensa a su amistad, ensombrece nuestro corazón.
Pero aunque a veces el camino cristiano no es fácil y el compromiso de fidelidad al amor del Señor encuentra obstáculos o registra caídas, Dios, en su misericordia, no nos abandona, sino que nos ofrece siempre la posibilidad de volver a Él, de reconciliarnos con Él, de experimentar la alegría de su amor que perdona y vuelve a acoger.
Queridos jóvenes, ¡recurrid a menudo al Sacramento de la Penitencia y la Reconciliación! Es el Sacramento de la alegría reencontrada. Pedid al Espíritu Santo la luz para saber reconocer vuestro pecado y la capacidad de pedir perdón a Dios acercándoos a este Sacramento con constancia, serenidad y confianza. El Señor os abrirá siempre sus brazos, os purificará y os llenará de su alegría: habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierte (cf. Lc 15,7).
6. La alegría en las pruebas
Al final puede que quede en nuestro corazón la pregunta de si es posible vivir de verdad con alegría incluso en medio de tantas pruebas de la vida, especialmente las más dolorosas y misteriosas; de si seguir al Señor y fiarse de Él da siempre la felicidad.
La respuesta nos la pueden dar algunas experiencias de jóvenes como vosotros que han encontrado precisamente en Cristo la luz que permite dar fuerza y esperanza, también en medio de situaciones muy difíciles. El beato Pier Giorgio Frassati (1901-1925) experimentó tantas pruebas en su breve existencia; una de ellas concernía su vida sentimental, que le había herido profundamente. Precisamente en esta situación, escribió a su hermana: «Tú me preguntas si soy alegre; y ¿cómo no podría serlo? Mientras la fe me de la fuerza estaré siempre alegre. Un católico no puede por menos de ser alegre... El fin para el cual hemos sido creados nos indica el camino que, aunque esté sembrado de espinas, no es un camino triste, es alegre incluso también a través del dolor» (Carta a la hermana Luciana, Turín, 14 febrero 1925). Y el beato Juan Pablo II, al presentarlo como modelo, dijo de él: «Era un joven de una alegría contagiosa, una alegría que superaba también tantas dificultades de su vida» (Discurso a los jóvenes, Turín, 13 abril 1980).
Más cercana a nosotros, la joven Chiara Badano (1971-1990), recientemente beatificada, experimentó cómo el dolor puede ser transfigurado por el amor y estar habitado por la alegría. A la edad de 18 años, en un momento en el que el cáncer le hacía sufrir de modo particular, rezó al Espíritu Santo para que intercediera por los jóvenes de su Movimiento. Además de su curación, pidió a Dios que iluminara con su Espíritu a todos aquellos jóvenes, que les diera la sabiduría y la luz: «Fue un momento de Dios: sufría mucho físicamente, pero el alma cantaba» (Carta a Chiara Lubich, Sassello, 20 de diciembre de 1989). La clave de su paz y alegría era la plena confianza en el Señor y la aceptación de la enfermedad como misteriosa expresión de su voluntad para su bien y el de los demás. A menudo repetía: «Jesús, si tú lo quieres, yo también lo quiero».
Son dos sencillos testimonios, entre otros muchos, que muestran cómo el cristiano auténtico no está nunca desesperado o triste, incluso ante las pruebas más duras, y muestran que la alegría cristiana no es una huída de la realidad, sino una fuerza sobrenatural para hacer frente y vivir las dificultades cotidianas. Sabemos que Cristo crucificado y resucitado está con nosotros, es el amigo siempre fiel. Cuando participamos en sus sufrimientos, participamos también en su alegría. Con Él y en Él, el sufrimiento se transforma en amor. Y ahí se encuentra la alegría (cf. Col 1,24).
7. Testigos de la alegría
Queridos amigos, para concluir quisiera alentaros a ser misioneros de la alegría. No se puede ser feliz si los demás no lo son. Por ello, hay que compartir la alegría. Id a contar a los demás jóvenes vuestra alegría de haber encontrado aquel tesoro precioso que es Jesús mismo. No podemos conservar para nosotros la alegría de la fe; para que ésta pueda permanecer en nosotros, tenemos que transmitirla. San Juan afirma: «Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros… Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo» (1Jn 1,3-4).
A veces se presenta una imagen del Cristianismo como una propuesta de vida que oprime nuestra libertad, que va contra nuestro deseo de felicidad y alegría. Pero esto no corresponde a la verdad. Los cristianos son hombres y mujeres verdaderamente felices, porque saben que nunca están solos, sino que siempre están sostenidos por las manos de Dios. Sobre todo vosotros, jóvenes discípulos de Cristo, tenéis la tarea de mostrar al mundo que la fe trae una felicidad y alegría verdadera, plena y duradera. Y si el modo de vivir de los cristianos parece a veces cansado y aburrido, entonces sed vosotros los primeros en dar testimonio del rostro alegre y feliz de la fe. El Evangelio es la «buena noticia» de que Dios nos ama y que cada uno de nosotros es importante para Él. Mostrad al mundo que esto de verdad es así.
Por lo tanto, sed misioneros entusiasmados de la nueva evangelización. Llevad a los que sufren, a los que están buscando, la alegría que Jesús quiere regalar. Llevadla a vuestras familias, a vuestras escuelas y universidades, a vuestros lugares de trabajo y a vuestros grupos de amigos, allí donde vivís. Veréis que es contagiosa. Y recibiréis el ciento por uno: la alegría de la salvación para vosotros mismos, la alegría de ver la Misericordia de Dios que obra en los corazones. En el día de vuestro encuentro definitivo con el Señor, Él podrá deciros: «¡Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu señor!» (Mt 25,21).
Que la Virgen María os acompañe en este camino. Ella acogió al Señor dentro de sí y lo anunció con un canto de alabanza y alegría, el Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,46-47). María respondió plenamente al amor de Dios dedicando a Él su vida en un servicio humilde y total. Es llamada «causa de nuestra alegría» porque nos ha dado a Jesús. Que Ella os introduzca en aquella alegría que nadie os podrá quitar.
Vaticano, 15 de marzo de 2012
BENEDICTUS PP. XVI

terça-feira, 27 de março de 2012

“Ser popular na internet é um valor muito importante”

“Ser popular na internet é um valor muito importante”


Roxana Murdochowicz acaba de publicar Los adolescentes y las redes sociales, livro onde esmiúça a relação de adolescentes e jovens com as chamadas “novas” tecnologias. E adverte sobre os mitos e falsas crenças dos adultos. A reportagem é de Soledad Vallejos e está publicada no jornal argentino Página/12, 26-03-2012. A tradução é do Cepat.

Não existe um mundo virtual e outro real. A ideia de que um computador isola fala mais dos adultos pouco familiarizados com a internet do que efetivamente acontece quando um adolescente se conecta à rede. Quem diz isso é Roxana Morduchowicz, especialista em educação, em Los adolescentes y las redes sociales. La construcción de la identidad juvenil en Internet (Ed. FCE). Muito longe de qualquer imagem de meninas e meninos que consomem de maneira passiva conteúdos de diferentes sítios, Morduchowicz coloca que a entrada na internet, que não é nova nem alheia, mas perfeitamente natural porque para as novas gerações sempre estiveram aí, converte a garotada em produtores ativos: leem conteúdos, sim, mas também produzem os próprios, interagem com seus pares em situações de comunicação horizontais e ensaiam, em suas intervenções, novos modos de algo tão tradicional como diferentes formas de desenvolver e apresentar suas próprias identidades.
Aqueles que hoje são crianças e adolescentes nasceram em um contexto tecnológico em pleno desenvolvimento, mas ao mesmo tempo dotado de certa estabilidade. Controle remoto, celular, internet, TV a cabo e de acessibilidade quase permanente, são coisas que sempre existiram em seu mundo, ou que ao menos chegaram tão cedo em suas vidas que seu aparecimento não implicou irrupção alguma. Por isso, diz Morduchowicz, os adultos não apenas deveriam “conhecer os consumos culturais da garotada, de que maneira usam a tecnologia e para quê”, mas também compreender que as tecnologias já não são novas. “Usar essa palavra, dizer ‘novas tecnologias’, só revela a idade dos adultos. Já não há meios tradicionais e novos. Todos coexistem”.
Por que pensar a relação entre adolescentes e redes sociais?
É inevitável, porque hoje a geração que tem menos de 18 anos vive entre telas. As três mais importantes na vida dos adolescentes são a televisão, o celular e o computador. Hoje a identidade juvenil não pode ser entendida caso não se entende a relação que os meninos e meninas têm com as telas, e dentre elas a que mais está crescendo nos últimos anos é o computador. E a isso é preciso acrescentar que o acesso à internet se faz cada vez mais acessível, quer seja através de netbooks ou celulares, com os quais a garotada está cada vez mais conectada. Meu interesse é entender a identidade dos adolescentes. E hoje, se não se analisa o vínculo que eles têm com a internet, perde-se uma parte fundamental de sua identidade.
No livro você sustenta que, em vez de se isolar, o computador se torna fundamental para a comunicação de crianças e adolescentes com seus pares.
Claro, é que o principal uso é comunicativo. Em geral, quando os pais compram um computador ou o conectam à internet, suas expectativas são educativas.
Em um sentido tradicional?
Sim, como algo do estilo “quero que o ajude na escola”, como uma ferramenta.
Um uso unidirecional?
Claro. Mas todas as pesquisas e os estudos mostram que o principal uso que as crianças fazem é comunicativo. Basicamente, se dedicam a chatear, a programas de mensagens instantâneas ou através de alguma rede social. Uma das que mais está crescendo, uma das mais populares, é o Facebook. Deveria ser somente para maiores de 14 anos, porque é isso que o sítio permite legalmente, mas também está sendo muito usado por pré-adolescentes, porque falsificam a idade e constroem seu perfil. Em todo o caso, entre os adolescentes a presença em redes sociais é alta: 80% estão em uma.
Esse número se modifica segundo as classes socioeconômicas?
Não reconhece fronteiras sociais. A presença já atravessa todas as classes. Hoje, para um menino, não estar no Facebook, como eles dizem, é não existir. Mas isso tem a ver com a construção da identidade.
É um espaço de socialização, como em outra época foi um bar?
Claro, o que para os adultos atuais era ver-se em um café, agora é cruzar-se no Facebook. Antes, a visibilidade passava pelo mundo, digamos, real: um café, uma esquina. Agora, para garotada isso acontece em um mundo virtual. Mas atenção, porque para a garotada o mundo on line e off line não são antagônicos: há continuidade. Eles podem estar em sua casa, falando com a mãe e ao mesmo tempo chateando em uma janela com seus amigos, navegando em busca de informações ou escutando a sua banda preferida. Eles abrem e fecham janelas virtuais como os adultos abrem e fecham janelas reais.
Os universos do on line e do off line coexistem, se superpõem.
É uma geração que em todo o mundo se chama multimídia, mas não apenas pela oferta diversificada de meios e tecnologia, mas fundamentalmente por seus usos simultâneos. Enquanto veem televisão, escutam música e também falam pelo celular, ou fazem a tarefa de casa. Não são atividades excludentes. Também se superpõem.
A atitude e os usos são os mesmos para meninas e meninos?
Poderíamos dizer que as meninas se comunicam mais, mas as diferenças entre meninas e meninos são mínimas. Estar no Facebook não apenas não reconhece diferenças sociais, mas tampouco de gênero. Isso demonstra também que a presença das telas na vida da garotada não implica um isolamento ou em anular sua vida social. Pelo contrário, as telas e a tecnologia produziram uma nova forma de sociabilidade juvenil. Antes, como dizia, no café; agora, aqui. Que o principal uso seja o comunicativo varre com os prejuízos dos adultos, que acreditamos que pela irrupção das telas a garotada está mais isolada e menos conectada com seu entorno social. São novos suportes para o social. Esta é a primeira geração que dispõe de variedade de suportes. Quando eu era menina, havia apenas o telefone fixo. E controlado, porque era caro. Agora, a criançada tem telefone fixo, telefone celular para falar ou para mandar mensagens, o blog, o chat, as redes sociais. Ao todo, eles têm cinco ou seis suportes, modos de se comunicar. Isso demonstra que estão muito longe de ser uma geração isolada. Pelo contrário.
São os adultos que acreditam isso, mas por sua própria distância, voluntária, com a tecnologia. Ao contrário, a criançada tem familiaridade com os dispositivos, não teme usá-los.
Como em casa, a garotada, quer sejam adolescentes ou menores, costumam ser aqueles que mais manejo instrumento têm do computador, há certos medos nos adultos, sejam mães, pais ou docentes. Os pequenos têm manejo instrumental. Apenas. Ao contrário, o critério, o sentido da experiência, segue sendo algo que um adulto tem, e que por isso deve guiar o uso, o manejo do instrumento, desse computador. Os adultos devem conhecer os consumos culturais da garotada, de que maneira usa o computador, para quê. Por mais que tenhamos filtros no computador, nada substitui um bom diálogo. Mas claro: conhecer seus consumos, para que os usam, não o que dizer no chat.
Seriam como os cuidados clássicos de “não falar com estranhos”.
A mesma precaução da vida real na vida virtual. Algumas precauções têm a ver com o uso da tecnologia. Assim como a garotada não sai sozinha às duas da manhã pela rua obscura, também é preciso saber que a internet é um espaço público, e quando eles transferem para ali detalhes de sua intimidade, podem ser vistos por qualquer um. É como falar aos gritos em uma praça: são ouvidos.
No livro, relaciona essa falta de compreensão dos limites da intimidade com a construção da identidade, com algo que têm que adquirir.
Sobretudo os adolescentes. Para eles, ser popular é um valor muito importante, ter muitos amigos nas redes sociais. Então, o conceito de vida privada cede diante do desejo de ser popular. Se para serem populares têm que contar em que escola estuda ou dar seu nome verdadeiro, fazem-no. A prioridade é ter amigos. E a garotada não mede o alcance da internet.

domingo, 25 de março de 2012

A SEMANA SANTA



A SEMANA SANTA

 A “Semana Santa” surgiu já nos primórdios do cristianismo quando as comunidades cristãs em Jerusalém se reuniam, na Sexta-feira e no Sábado, mediante rigoroso jejum, recordando o sofrimento e a morte de Jesus, ou seja, rememorando “os dias em que nos foi tirado o esposo” (Cf. Mt 9,15; Mc 2,20). Dessa forma, se preparavam para a festa da Páscoa, no Domingo, em que celebravam a memória da ressurreição de Jesus.
Posteriormente, a observância do jejum passou a ser praticada também na Quarta-feira para lembrar o dia em que os chefes judaicos decidiram prender Jesus, isto é, “porque nesse dia começaram a tramar a morte do Senhor” (Cf. Mc 3,6; 14,1-2; Lc 6,11; 19,47; 20,19a; 22,2).
Tudo isto ocorria mais fortemente em Jerusalém porque provavelmente ali permaneciam mais vivas as lembranças dos últimos dias de Jesus. Essas solenidades passaram a ser imitadas pelas Igrejas do Oriente e depois pelas Igrejas europeias. Esses dias eram também de descanso para todos os servos e escravos. Em algumas Igrejas em Jerusalém eram celebradas todas as noites vigílias solenes com orações e leituras bíblicas, e com a celebração da Eucaristia. Em meados do Século III, já se observava o jejum em todos os dias da Semana Santa.
A importância da Semana que antecede a festa da Páscoa está evidenciada claramente através dos diversos nomes dados a essa época litúrgica ao longo dos primeiros séculos: Semana da Páscoa; Semana “sem comparação” ou que “tem uma importância toda sua, em si e por si mesma”; Semana Maior; e, por fim, Semana Santa.
As cerimônias litúrgicas particulares da Semana Santa começaram a desenvolver-se a partir do século IV. Resumidamente, a Semana Santa assim se desdobra:
I. Domingo de Ramos e Paixão do Senhor.
Inicialmente, esse Domingo chamava-se lavação das cabeças, porque nesse dia, os que seriam batizados no Sábado seguinte, participavam de uma cerimônia preparatória, quando suas cabeças eram solenemente lavadas. Esse Domingo é marcado pela procissão de ramos, que começou a ser feita em Jerusalém, no século IV, para relembrar a entrada solene de Jesus, aclamado como Messias. Começava às treze horas, no Monte das Oliveiras. Não se tratava apenas de relembrar um fato do passado, mas de dar um testemunho público de fé em Jesus como o verdadeiro Rei e Salvador enviado. A partir daí, no correr da semana, precisamente na Quinta-feira, inicia-se o “Tríduo Pascal”.
 II. Tríduo Pascal
A. Quinta-feira Santa.
Por volta do Século V, chamava-se Quinta-feira da Ceia do Senhor. Em alguns lugares chamava-se “Dia da Traição”. No século VI, iniciou-se o costume de fazer neste dia a “bênção dos óleos”, a serem usados nos Sacramentos do Batismo, da Crisma e da Unção dos Enfermos. Nessa Missa dos Santos Óleos, celebra-se a instituição do Sacramento da Ordem.
A Quinta-feira Santa é marcada pela instituição da Eucaristia, a “Ceia do Senhor”, simbolizada pelo amor serviçal, o lava-pés. Desde o século VI, a cerimônia do “lava-pés” procura reproduzir ritualmente o gesto de Jesus que lavou os pés de seus discípulos, como prova de amor e disposição para servir. O lava-pés era chamado também "mandamento novo" de Jesus. Em Roma, o papa lavava os pés de treze pobres, aos quais tinha servido uma ceia. Para o papa Gregório I, conhecido como Gregório Magno (590-604), este 13º pobre seria o próprio Cristo disfarçado de mendigo.
Atualmente, logo após a Eucaristia, o altar é deixado sem nenhuma toalha. Com este gesto simbólico, recordamos a desnudação de Cristo antes de sua crucifixão. Além disso, o Santíssimo é transladado para um lugar preparado à parte, a fim de levar os fiéis a fazerem algum momento de adoração, de vigília, meditando a hora difícil de Jesus no Jardim das Oliveiras e de oração por todos os que atualmente sofrem, pois neles, Jesus continua sofrendo.
B. Sexta-feira Santa.
Segundo o evangelista João, é nesse dia que Jesus foi crucificado: “Os judeus temeram que os corpos ficassem na cruz durante o sábado, porque já era a Preparação e esse sábado era particularmente solene. Rogaram a Pilatos que se lhes quebrassem as pernas e fossem retirados” (Jo 19,31). Tertuliano (155-222), um dos mais importantes escritores eclesiásticos da antiguidade, deu-lhe o nome de Dia da Páscoa. Santo Ambrósio (340-397) chamava a Sexta-feira de Dia do amargor, da tristeza, por ser o grande dia de luto para a Igreja. Ainda hoje, também é chamada de Sexta-feira Maior.
A liturgia deste dia é composta de três partes:
a) Liturgia da Palavra.
A liturgia começa diretamente com leituras dos profetas, cantos e a leitura dialogada da Paixão. Em seguida, a Oração Universal, apresentando as necessidades da Igreja e do mundo. A tradição dessas orações, abandonada no século VI, foi retomada pela nova liturgia depois do Concílio Vaticano II, que acabou introduzindo em todas as Missas as assim chamadas “Oração dos fiéis” ou “Oração da assembleia”.
b) Adoração da Cruz.
Quanto a isso, é preciso antes esclarecer: a palavra “adoração” significa apenas “veneração solene”. Adoração, no sentido próprio, pode ser prestada só a Deus. A cerimônia da Adoração da Cruz, teve origem em Jerusalém, no século IV, depois que Constantino encontrou as relíquias da Cruz do Salvador. Aos poucos, a cerimônia foi sendo adotada também por outras cidades onde havia relíquias da Cruz. Mais tarde, foi assumida por toda a Igreja. Prestando uma veneração especial à Cruz ou ao Crucifixo, manifestamos nossa fé no Cristo Redentor, que nos salvou por sua morte. Adorando a cruz, é ao Cristo que de fato devemos adorar, reconhecendo nele o Filho de Deus encarnado e oferecido em sacrifício por amor a nós. Portanto, o sentido desta “adoração” é contemplar Jesus que, morto na cruz, ascendeu dela.
c) Rito da Comunhão.
Desde os primórdios, não foi costume celebrar a Missa na Sexta-feira Santa. A razão é que assim a Igreja manifesta seu luto pela morte do Salvador. Até o século VIII não havia nem mesmo a comunhão, que só aos poucos foi introduzida na liturgia do dia. Em 1622, foi proibida a comunhão dos fiéis. Isso continuou até recentemente, quando foi reintroduzida, após o Concílio Vaticano II. É bom lembrar que neste dia não se consagram as hóstias, pois já foram consagradas na Quinta-feira Santa.
C. Sábado Santo - Vigília Pascal.
Para a Vigília Pascal convergem todas as celebrações da Semana Santa bem como de todo o Ano Litúrgico. Na Vigília Pascal recordamos a grande noite de vigília do povo hebreu no Egito, aguardando a hora da libertação da escravidão do Egito, ou seja, relembramos a Páscoa (do hebraico: pessach: passagem) judaica (Cf. Ex 12). E nela celebramos a nossa própria redenção pelo mistério da Ressurreição de Cristo. Na Ressurreição de Jesus realiza-se a grande Páscoa cristã, isto é, a Passagem da morte para a vida; do estado de perdição para o estado de salvação. É a vitória final de Deus, em Cristo, sobre o pecado, o mal e a própria morte. Cumpriu-se, assim, o que João Batista dissera acerca de Cristo: “No dia seguinte, João viu a Jesus que se aproximava dele. E disse: ‘Eis o Cordeiro de Deus, aquele que tira o pecado do mundo’” (Jo 1,29). Jesus é agora o novo Cordeiro Pascal, segundo o autor do Sermão aos Hebreus: “ele se manifestou uma vez por todas no fim dos tempos, para abolir o pecado pelo sacrifício de si mesmo” (Hb 9,26). No âmbito espiritual, nos apropriamos da graça desta "passagem" pelo Batismo. Por isso, a “liturgia batismal” tem aqui um lugar de destaque.
A Vigília Pascal, que para Santo Agostinho (354-430) é “a mãe de todas as Vigílias”, é uma soleníssima celebração, muito rica de símbolos universais e de símbolos particulares: as trevas, o fogo, a luz, a água, o círio pascal, a cor alegre dos paramentos, as músicas. A celebração articula quatro partes e conclui com a Procissão da Ressurreição:
a) Celebração da Luz.
Essa cerimônia começou a ser realizada de modo mais abrangente só a partir do século IX. Inicia-se com a “bênção do fogo”, feita no pátio, à entrada da igreja. Antigamente, acendia-se o fogo, usando pedras friccionadas, já que na Quinta-feira, tinham sido apagadas todas as luzes da igreja. Isso constava no próprio ritual antigo da bênção do fogo “O Cristo é a pedra usada por Deus para acender em nós o fogo da claridade divina”. Para os antigos, esse simbolismo do Cristo que ilumina, aquece e é centro de vida, era mais significativo. Porque, na Sexta-feira Santa, costumava-se apagar o fogão e todas as luzes das casas. Era no “fogo novo” que cada família acendia uma lâmpada para levar para casa e acender tudo novamente.
Com Cristo Ressuscitado, definitivamente a “Luz brilha nas trevas” (Jo 1,5). Recordamos aqui as palavras do próprio Jesus: “Eu sou a luz do mundo. Quem me segue não andará nas trevas, mas terá a luz da vida”(Jo 8,12). Jesus Ressuscitado garante que “a vida é a luz dos seres humanos” (Jo 1,4b). Assim, o Círio pascal, que simboliza o Ressuscitado, é bento, aceso no “fogo novo” e conduzido em procissão para dentro da Igreja ainda às escuras, cantando por três vezes: Eis a luz de Cristo! Em seguida, é colocado fixo diante da assembleia. Os participantes são convidados a acenderem as suas velas, imitando aqueles servos de que fala o Evangelho (Lc 12,35-40), os quais esperam, vigilantes, “com as lâmpadas acesas”, o seu Senhor que os fará sentar à sua mesa. Esta parte se encerra cantando a "Proclamação da Páscoa" , o Exulte, anunciando solenemente a vitória de Cristo. Não se sabe com certeza quando começou essa tradição litúrgica. Mas por volta do ano 384, já são encontradas referências a ela.
b) Liturgia da Palavra.
Neste momento, são narrados os gestos maravilhosos que Deus realizou em favor do povo ao longo da história da humanidade, desde a Criação do mundo até o grande ato da “Nova Criação” conferida pela ressurreição de Cristo, início e primícias de um mundo novo. É uma verdadeira “passeada” pela Sagrada Escritura, Antigo e Novo Testamentos. Para nós, tudo isso é motivo de júbilo e de ação de graças. Ao cântico solene do Glória, pouco antes da proclamação do Evangelho, a Igreja escurecida torna-se, de repente, uma explosão de luz. Toda a assembleia canta alegre e vibrante, ao som dos instrumentos musicais e até do sino. Note-se que as várias leituras bíblicas são intercaladas por orações e aclamações, a última das quais é o canto do Aleluia pascal (do hebraico: hallelu-yah: louvem a Javé, adorem a Javé).
c) Liturgia Batismal.
Se há batismo, entoa-se a “Ladainha” dos Santos. O Cristianismo herdou da liturgia das sinagogas esta forma de rezar, repetindo a mesma frase várias vezes como se vê na Escritura (Cf. 1Rs 18,39; Sl 136/135; 148; 150; Dn 3,52-90). A “Ladainha dos Santos” surgiu da “Oração dos fieis” (Séc. III), que constava duma lista de nomes de Santos, cuja memória era invocada por quem presidia a Missa. No início eram reverenciados os nomes de mártires, sobretudo os que testemunharam a fé em Roma. Com o tempo, a lista dos santos foi ampliada, tomando caráter de universalidade. A seguir, realiza-se a “bênção da água batismal”. O presidente da celebração mergulha o Círio pascal na água benta, para indicar que fomos sepultados na morte com Cristo e com ele ressuscitamos para a vida. Seguindo a bênção da água, passa-se para a “renovação das promessas do batismo”. Nos primeiros séculos da Igreja, era no Sábado Santo que se fazia o Batismo dos que, durante um bom tempo, tinham sido preparados para a admissão na comunidade. Os que já tinham abraçado a fé cristã, mas ainda estavam recebendo a catequese (do grego katechéou: derramar, verter para dentro de), chamavam-se catecúmenos (do grego kataskeuazómenoi: os iniciandos). Nessa noite de Vigília, eles recebiam as últimas instruções e ouviam com a comunidade leituras da Escritura, apropriadas para a circunstância. Para o Batismo, a água era abundantemente derramada sobre a cabeça dos novatos (do grego neófitos: novas plantas; daí: iniciantes, novos, imaturos). Assim, se há batizandos, realiza-se o Sacramento do Batismo. E mesmo havendo batismo, é muito significativa a aspersão da água benta sobre toda a assembleia.
d) Liturgia Eucarística.
Trata-se de uma celebração festiva, pois já se comemora a vitória sobre a morte: Jesus Ressuscitou! O Santíssimo que havia sido transladado pra um lugar preparado à parte, na Quinta-feira Santa, agora é trazido de volta para Tabernáculo na Igreja. Alimentando-nos do pão eucarístico que é Jesus, realimentamos as nossas forças e o nosso compromisso com a vida. Em muitos lugares, logo após a Celebração, o Santíssimo Sacramento é preparado para uma pequena procissão. De volta ao altar-mor, o presidente da Celebração abençoa todos os fiéis enquanto se canta o “Rainha dos Céus, alegrai-vos” , como se fosse um “parabéns” àquela que de “Senhora das Dores” transformou-se em “Senhora da Alegria”.
Ainda no que se refere ao “Tríduo Pascal”, é bom lembrar que não são três celebrações isoladas, ou três Missas, como a maioria das pessoas pensam e dizem. Notemos que a Celebração da Quinta-feira Santa começa com os “Ritos iniciais” e não conclui com os “Ritos finais”, mas apenas com a “Oração depois da comunhão” e com a “Transladação do Santíssimo”. A Celebração da Sexta-feira Santa, por sua vez, não é começada com os “Ritos iniciais” e nem terminada com os “Ritos finais”, mas apenas com a “Oração sobre o povo”, pois a Missa que começou na Quinta-feira, ainda continua. E no Sábado Santo, a Celebração também não começa com os “Ritos iniciais”, pois ainda é parte da Missa que deu início na Quinta-feira Santa. Aí, sim, concluída a Celebração da Vigília Pascal, o presidente da Missa encerra o “Tríduo Pascal” com os “Ritos finais”. Podemos assim dizer que o “Tríduo Pascal” é uma grande Missa. O que a Igreja realiza de modo mais longo no “Tríduo Pascal”, é realizado de modo mais breve nos Domingos comuns. Portanto, não é interessante “quebrar” a sequência desta única Celebração pascal.
III. Páscoa da Ressurreição.
A Missa de Páscoa é a maior solenidade do ano. Até o século XI, era só nesse dia que os simples padres podiam cantar solenemente o “Glória a Deus nas alturas”. Nesse momento do canto do Glória, como ainda hoje, novamente os sinos e o órgão irrompiam numa grande explosão de alegria. Cristo venceu a morte, e também para nós existe a tranquila garantia de vida e esperança.
Por isso, é muito importante que no Domingo pascal, a assembleia se reúna em torno de Cristo ressuscitado e presente no meio da comunidade. A tristeza, o desânimo e o medo, devem dar lugar à alegria e à esperança. Jesus venceu a morte para estar definitivamente junto e dentro de nós.



É um texto para uma reflexão sobre o mistério pascal vivenciado, de maneira mais intensiva, na Semana Santa. Que Tod@s tenham uma Semana Abençoada! 



quinta-feira, 22 de março de 2012

“A ciência é um dos melhores modos para se conhecer a Deus”

“A ciência é um dos melhores modos para se conhecer a Deus”


“A ciência é um dos melhores modos para se conhecer a Deus”, defende, no convênio sobre o tema “Viver a fé católica”, promovido pela arquidiocese norte-americana de Denver, o padre Guy Consolmagno, astrônomo do Observatório Vaticano. Estudar cientificamente o universo ajuda a entender melhor “a pessoa de Cristo”. O religioso e cientista ítalo-americano, que há mais de 30 anos estuda os asteroides e os cometas (um asteroide foi batizado com o seu nome), não exclui a possibilidade de que haja outra vida inteligente no universo.

A reportagem é de Giacomo Galeazzi e está publicada no sítio Vatican Insider, 20-03-2012. A tradução é do Cepat.

Mas o ET não faz a fé entrar em crise: “O que aprendemos não anula o que já sabemos. Se um dia descobrirmos que não estamos sozinhos no universo, tudo aquilo em que cremos não é que seja incorreto, pelo contrário, nos daremos conta de que é mais verdadeiro, de modos e formas que nunca pudemos imaginar”. Para confirmar tudo isso, o padre Consolmagno cita o Evangelho de São João: “No princípio era o Verbo, isto é, Jesus, a segunda pessoa da Trindade. O Verbo é a salvação, a encarnação de Deus no universo. Segundo o Evangelho, o Verbo existia antes do universo. O único ponto no espaço-tempo que é o mesmo em todas as linhas temporais. Este é o modo como a salvação acontece, e aqui se manifestou na pessoa de Jesus Cristo”. Antes da criação do universo, Cristo já existia; e, portanto, abraçava, não apenas a nós e a terra, mas a outros hipotéticos seres.

“O ateísmo moderno tende a considerar Deus simplesmente como uma força que “enche os vazios” em nossa compreensão do universo” – observa o jesuíta nascido em Detroit em 1952. “Mas usar Deus para encher os vazios de nosso conhecimento é teologicamente enganoso, já que minimiza Deus e o reduz a outra força dentro do universo em vez de reconhecê-lo como fonte de criação. Aqueles que crêem em Deus não deveriam temer a ciência, mas deveriam considerar a ciência como uma oportunidade que Deus deu à humanidade para que o conheça melhor”. A fé e a razão são como que as duas asas com as quais o espírito humano se eleva para a contemplação da verdade. É Deus quem colocou no coração do homem o desejo de conhecer a verdade e, em definitiva, de conhecê-lo a Ele próprio, para que, conhecendo-o e amando-o, possa alcançar também a plena verdade sobre si mesmo. O padre Guy Consolmagno precisa que acredita em Deus “não porque Ele seja o final de uma cadeia lógica de cálculos, mas porque experimentou que a física e a lógica podem mostrar-me a beleza, a razão e o amor, mas não explicá-los”. Além disso, a fundamental diferença entre o jesuíta e o cientista ateu Stephen Hawking é que ele reconhece que Deus não é outra parte do universo que explica o inexplicável, mas o “Logos”, a “Razão” mesma.

As outras religiões ou filosofias podem dar-nos uma visão racional do universo, mas “apenas o Evangelho pode nos dizer que a razão mesma se materializa entre nós na forma de Jesus Cristo”. “Tomás de Aquino fala de numerosos mundos”. A encarnação, segundo o Evangelho, aconteceu aqui; mas poderia valer também em qualquer outro lugar. “A Bíblia é a ciência divina, um trabalho sobre Deus” – precisa o padre Consolmagno. “Não é necessário que seja ciência física” e explique como o universo foi construído. Mas um universo sem limites “poderia incluir outros planetas com outros seres criados pelo mesmo Deus de amor. A ideia da existência de outras raças e outras inteligências não é contrária ao pensamento tradicional cristão. Não há nada nas Sagradas Escrituras que possa confirmar ou contradizer a possibilidade de vida inteligente em outras partes do universo”. Nosso conhecimento não é completo; e é uma loucura “subestimar a capacidade de Deus para criar com uma profundidade de modos que nós não entenderemos nunca completamente”. E, portanto, seria da mesma maneira arriscado pensar que “entendemos a Deus completamente”, limitando sua ação ao planeta Terra, e aos outros seres humanos. Observar os asteroides, os meteoritos e os corpos celestes “é uma das coisas que me aproximam de Deus”. Santo Tomás, “que sempre foi proposto pela Igreja como mestre do pensamento e modelo do reto modo de fazer teologia”, reconhece que a natureza, objeto precisamente da filosofia, pode contribuir para entender a revelação divina.

A fé, portanto, não tem medo da razão, mas que a busca e confia nela. Assim como a graça supõe a natureza e a leva a término, do mesmo modo a fé supõe e aperfeiçoa a razão. Esta última, iluminada pela fé, se libera da fragilidade e dos limites derivados da desobediência do pecado e encontra a força necessária para elevar-se ao conhecimento do mistério de Deus Uno e Trino. Já João Paulo II, na encíclica Fides et Ratio, de 1998, advertia que “muitos arrastam sua vida até quase a borda do abismo, sem saber o que vão encontrar”.

A filosofia, que tem a grande responsabilidade na formação do pensamento e da cultura através do “apelo permanente à busca do verdadeiro”, tem que recuperar com força sua vocação original. Portanto, não há motivo para que exista “nenhuma competitividade entre a razão e a fé: uma está dentro da outra, e cada uma delas tem seu próprio espaço de realização”. Assim que, “a fé pede que seu objeto seja compreendido com a ajuda da razão; a razão, no auge de sua busca, admite que é necessário aquilo que a fé apresenta”. Crer na possibilidade de conhecer a verdade universalmente válida não é, em hipótese alguma, fonte de intolerância; pelo contrário, é condição necessária para um sincero e autêntico diálogo entre as pessoas. E os cientistas, com sua pesquisa, “nos dão um crescente conhecimento do universo em seu conjunto e da variedade incrivelmente rica de seus componentes, animados e inanimados, e das complicadas estruturas atômicas e moleculares”.

domingo, 18 de março de 2012

Surpresa de Deus

Muito raramente, Deus prepara surpresas "históricas". Em minha vida, registrei somente duas: o Papa João XXIII e Dom Oscar Romero.

A opinião é de Giampietro Baresi, missionário comboniano no Brasil, em artigo para a revista Nigrizia, de março de 2012. A tradução é de Moisés Sbardelotto.

Nesta breve conversa – com a qual eu pretendo recordar o aniversário do martírio de Dom Romero (24 de março de 1980) – me esforcei muito para conter o tumulto de sentimentos e de ideias que haviam se acumulado na minha cabeça com a leitura de vários artigos sobre ele, principalmente do seu volumoso Diário. No fim, eu fiz as pazes com o título Surpresa de Deus.

Gostaria de explicar o que quero dizer com "surpresa", servindo-me de uma comparação: se um jardineiro enterra uma semente de rosas brancas e depois vê nascer rosas vermelhas, a sua surpresa é grande. Saiamos da comparação. Quem está encarregado de gerenciar a nomeação de pessoas destinadas a ocupar postos importantes nos quadros eclesiásticos, usa todos os meios para realizar o programa estabelecido, sem o risco de surpresas desagradáveis. Na maioria das vezes, isso funciona.

Às vezes, ocorrem pequenas surpresas, mas que não criam sérios problemas. Às vezes, ao contrário, as surpresas são notáveis, mas, se estão alinhadas com o programa, são bem acolhidas, porque ajudam a alcançar mais rapidamente os objetivos prefixados. Muito, muito raramente, há surpresas "históricas", isto é, que despistam totalmente os programadores. No nada breve período da minha vida, registrei somente duas: o Papa João XXIII e Dom Oscar Romero.

O primeiro foi eleito ao sólio pontifício para esconjurar possíveis mudanças na Igreja, e ele teve o prazer de anunciar, surpreendentemente, o Concílio Vaticano II, com o objetivo de "atualizar" a Igreja e a doutrina cristã. O segundo foi escolhido como bispo de San Salvador porque era um padre que tinha uma visão clássica da Igreja, tridentina, e não alimentava nenhum interesse pela política e pelas questões sociais. O "programador", portanto, pretendia agradar os prelados e os políticos de El Salvador, aliados na defesa dos "valores cristãos" e dos privilégios de uma oligarquia apoiada pelo Exército.

Oscar Romero, nascido no dia 15 agosto de 1917, foi ordenado sacerdote em Roma em abril de 1942, depois de estudar teologia na Pontifícia Universidade Gregoriana. Em 1943, voltou à sua terra natal e, por mais de 20 anos, desempenhou o ministério pastoral como pároco da diocese de San Miguel. Mais tarde, foi chamado para dirigir o seminário interdiocesano de El Salvador. Em 1966, foi secretário da conferência episcopal nacional. Em 1970, foi auxiliar do arcebispo de San Salvador, Dom Luis Chávez y González, um dos protagonistas da segunda Conferência do Episcopado Latino-Americano em Medellín (1968).

Ao contrário do Luis Chávez, no entanto, Romero representa o lado conservador da Igreja sul-americana: fiel à tradição romana, não aderiu à teologia da libertação e aos movimentos eclesiais de base. No dia 22 de fevereiro de 1977, quando foi nomeado titular da arquidiocese, os militares no poder e os tradicionalistas da Igreja não esconderam a sua satisfação.

A surpresa de Deus tem uma data: 12 de março de 1977, 20 dias após a medida do "programador". Naquele dia, o jesuíta Rutilio Grande, inspirador de Dom Romero, foi assassinado. Diante do cadáver do amigo, os olhos, o coração, a mente e a boca do bispo se abrem. "Se o mataram pelo que ele fazia, agora cabe a mim andar pelo mesmo caminho".

Ele já não tem mais dúvidas: a sua fidelidade à Igreja significa fidelidade ao mandato de Cristo, que veio ao mundo para trazer a Boa Notícia aos pobres de El Salvador, oprimidos por um punhado de ricos apoiados pelos Estados Unidos.

Durante três anos, Romero viveu pregado na cruz da fidelidade aos seus dois amores: o povo e a Igreja. Incompreendido em Roma e no seu país, encontrou-se na mais completa solidão. Solidão que encorajou o plano de morte dos seus inimigos. No dia 24 de março de 1980, uma bala atravessou-lhe o coração enquanto celebrava a missa.

No dia anterior, o quinto domingo da Quaresma, na homilia, ele apelou à consciência dos militares com palavras que fizeram precipitaram a sentença de morte: "Diante de uma ordem de matar dada por um homem, deve prevalecer sobre a lei de Deus que diz 'Não matar'".

O jardineiro não sabia que, na semente, Deus havia escondido a surpresa de uma rosa vermelho sangue. O povo logo entendeu e começou a venerar São Romero da América Latina.
 

Surpresa de Deus

Revista Cult » A infinidade de amores na dor de existir

Revista Cult » A infinidade de amores na dor de existir

sábado, 17 de março de 2012

A Lista de Grandes Amig@s!!!

A Lista de Grandes Amig@s!!!

Homenagem a todos os meus amigos e amigas, pesoas especiais para Deus e para mim! Um grande abraço a todos vocês Amig@s!!!



A Lista

Faça uma lista de grandes amigos,
quem você mais via há dez anos atrás...
Quantos você ainda vê todo dia ?
Quantos você já não encontra mais?
Faça uma lista dos sonhos que tinha...
Quantos você desistiu de sonhar?
Quantos amores jurados pra sempre...
Quantos você conseguiu preservar?
Onde você ainda se reconhece,
na foto passada ou no espelho de agora?
Hoje é do jeito que achou que seria?
Quantos amigos você jogou fora...
Quantos mistérios que você sondava,
quantos você conseguiu entender?
Quantos defeitos sanados com o tempo,
era o melhor que havia em você?
Quantas mentiras você condenava,
quantas você teve que cometer ?
Quantas canções que você não cantava,
hoje assobia pra sobreviver ...
Quantos segredos que você guardava,
hoje são bobos ninguém quer saber ...
Quantas pessoas que você amava,
hoje acredita que amam você?

Oswaldo Montenegro

quinta-feira, 15 de março de 2012

O pobre: critério para profecia

O POBRE: CRITÉRIO PARA A PROFECIA ( José Comblin)
O presente texto é fruto da reflexão do artigo do teólogo José Comblin: o pobre: critério para a profecia, presente no livro: “a opção pelos pobres no século XXI” organizado por Pedro A. Ribeiro de Oliveira. Neste artigo, nosso autor aponta a importância que se tem uma leitura da Bíblia a partir dela mesma e não a partir da escolástica. É a conhecida teologia da Bíblia e da Igreja primitiva.

Este modelo de leitura e interpretação da Sagrada Escritura ganhou força com o Concílio Vaticano II, que autorizou uma teologia indutiva. A teologia da libertação, como nos lembra Comblin, é um dos frutos dessa nova tolerância.
Sabemos que nas faculdades de teologia e nos seminários ensinam-se dois tipos de  se teologar: um é a teologia  a partir da Bíblia e da História do Cristianismo, a Indutiva, e a o outro é a teologia Escolástica dos grande autores medievais, a teologia dedutiva.
José Comblin, aponta que apesar das aulas de exegese ou alunos ainda insistem em fazer uma leitura da Bíblia  a partir da teologia escolástica e não a partir dela mesma. Mas tudo isso é fruto da má compreensão do que foi o Vaticano II para a vida da Igreja.
Diante do que nos apresenta os evangelhos, notamos que Jesus não quis fundar uma religião. Ele não se opôs à prática religiosa do povo e nem propôs uma nova religião. É evidente que ele quis ser fiel ao verdadeiro Israel e por isso esvaziou o sistema religioso.
Sabemos que Jesus veio não somente para anunciar, mas para inaugurar um mundo novo. É isto que Jesus chamava de fé, a crença neste mundo novo. O anúncio de Jesus não se refere à religião, mas ao Reino de Deus. Este por sua vez é a libertação do reino da dominação, da injustiça, da opressão. É um mundo renovado, uma nova criação de um mundo de justiça e de fraternidade. É na verdade uma denúncia do Império Romano.
Depois da morte de Jesus e dos apóstolos, bem mais tarde, os discípulos, os que não tinham conhecido Jesus, começaram a querer combinar a mensagem de Jesus com uma religião. Esta formação de uma religião a partir da mensagem de Jesus durou mais de um século.
Diante do tema desta nossa reflexão, o pobre: critério para a profecia, podemos definir profecia como denuncia da corrupção, ou melhor, os profetas são pessoas que, enviadas por Deus e por nenhuma autoridade humana, sem nenhum papel oficial na sociedade, denunciam a corrupção do povo de Israel e em particular das suas elites.
A partir desta definição do profeta podemos dizer que eles são os defensores dos pobres. O seu Deus quer justiça e misericórdia. Os pobres são os sinais que carregam as promessas feitas a Abraão. Estes são os membros do verdadeiro povo de Deus, encarregados de preparar a realização da promessa, portanto, oprimir a eles é abandonar o projeto de Deus e fazer de uma religião o centro da vida social e pessoal.
Jesus foi profeta e é o modelo definitivo de todos os profetas futuros. Dirigiu-se para os pobres e fez todos os sinais que anunciavam a sua futura libertação. Iniciou o movimento de libertação sendo pobre no meio dos pobres, socorrendo os necessitados, os doentes, acolhendo os pecadores. Lançou um movimento de esperança no meio dos oprimidos e ensinando aos discípulos como devia ser o mundo no Reino de Deus.
Tudo isso só foi possível por que Jesus fez oposição a todo o sistema religioso de sua época: os sacerdotes, os doutores da lei, os poderosos chefes de grandes famílias. Ele denunciou a falsidade da religião que estes tinham instalado. Contudo, não sobreviveu por muito tempo. É assim que acontece com os profetas que se atrevem a levantar a voz para criticar os que mantêm o sistema de dominação em nome da religião. Mas, onde predomina o Deus dos Evangelhos, os pobres terão um lugar privilegiado.
Ao olharmos para o Evangelho de Marcos somos tentados a dizer que esta obra é uma biografia de Jesus, mas não, esta é uma obra de defesa do verdadeiro Jesus. Este evangelho explicita claramente que a mensagem do Reio é para os pobres, os pecadores, os oprimidos. Ele é para os pobres que na tradição judaica estes eram marginalizados e condenados como pecadores.
No século segundo temos a influencia dos povos pagãos que passaram a fazer parte do povo cristão, principalmente os vindos de seitas gnósticas, o contato com estas pessoas fez com que o cristianismo se tornasse uma religião espiritualizada e com isso a pobreza perdeu seu significado real, a falta do necessário para a vida.
O Evangelho, neste período, não foi esquecido, mas em muitos cristãos os atos religiosos, atos simbólicos, tomaram o lugar dos atos reais de formação e crescimento do Reino de Deus no mundo real. Com isso o movimento monástico se apresenta como protesto contra a corrupção da Igreja, a volta  ao Evangelho na sua radicalidade, por isso a escolha de vida de pobreza absoluta.
Depois da aliança feita com Roma, o Cristianismo passou a ser religião oficial do Império Romano. E mesmo depois da queda do Império os chefes impuseram a religião a todos os membros da tribo. Tudo gerou uma grande confusão na vida das pessoas que tinham suas divindades. O reflexo de tudo isso que os cultos às forças da natureza foi substituída pelo culto aos santos. Passado um tempo temos a entrada do movimento penitencial que durou até o século XX.
Diante do que foi exposto é importante lembra que na história da cristandade sempre tivemos esta tensão entre uma tradição profética e uma tradição evangélica que procura lembrar o Deus verdadeiro revelado na vida de Jesus. Isso é expresso nas revoltas feitas pelos camponeses e pela nova classe de pobre que surgiu no século XIX, os operários. Que está claro para todos nós é que, qualquer intervenção na libertação dos pobres é vista como algo eventualmente tolerável, mas secundário, e não afeta a natureza do Cristianismo.
Nos encaminhando para o final, desta nossa reflexão. Podemos afirmar, portanto, que a mensagem de Jesus sobre o Reino de Deus não foi esquecida. Dentro dela os pobres ocupam o lugar central, isto é, o lugar de maior visibilidade A criação de um mundo novo tem como centro a libertação de todos os oprimidos. Por isso Jesus busca os oprimidos e lhes anuncia com gestos e com palavras a salvação, não no céu, mas aqui na terra. O amor do Pai consiste em libertar os oprimidos. Não é um amor puramente espiritual ou interior, mas um amor real dentro da vida terrestre, tal como é na sociedade atual. A maior demonstração deste amor é a própria vida de Jesus. Ele nasceu e cresceu no meio dos pobres, falou para os pobres, curou os pobres, escolheu os seus apóstolos entre os pobres, morreu como o mais pobre despojado de tudo o que é humano.
Por ser opção pelos pobres a vida de Jesus foi sempre conflitiva. Mas ele escolheu os pobres porque estes sempre foram oprimidos e o Reino de Deus era o fim da opressão e o advento da justiça e do perdão das dívidas. Isto é prova da experiência que o Pai fez de uma vida  humana no meio dos oprimidos. Em Jesus Deus descobriu o que é ser oprimido, rejeitado, maltratado, condenado e crucificado.
É importante lembrar que Deus se revela como amor, mas esse amor é historicamente orientado. Não se trata de um amor uniforme, igual para todos os seres humanos. Mas, o pai também é conflitivo. A sua mensagem básica era sumamente conflitiva. Anunciou a proximidade do Reino de Deus. Isso já era uma ameaça do Império Romano. Contudo, o conflitivo básico era, como ainda é, o conflito entre os ricos e os pobres. Os ricos são os que tem poder, os que podem impor a sua vontade aos outros.
Deste modo o Pai não pediu nenhum culto, não queria impor leis, não fundou nenhuma instituição, não pedia orações. O mundo novo seria um dom gratuito. Mas seria também uma tarefa. O Pai queria libertar o seu povo do pecado, gratuitamente. O pecado era a dominação dos ricos sobre os pobres, a humilhação, a marginalização permanente dos pobres. Era a injustiça fundamental, o pecado raiz de todo os pecados.
Portanto, o projeto do Pai era basicamente político, mas uma política global, total, uma nova sociedade sem dominação. Por conseguinte, o projeto do Pai é realizar neste mundo uma humanidade de justiça e solidariedade, uma humanidade de amor. E nesta figura de Deus os pobres ocupam um lugar central tudo gira ao redor deles. A história humana é objeto da revelação de Deus, e é nessa história que podemos conhecer o verdadeiro Deus, nosso Pai.
Por fim, o pobre: critério para a profecia deve ser também a nossa opção fundamental como mensagem evangélica. Por que foram eles escolhidos por Deus Pai e seu Filho Jesus de Nazaré. Eles devem ser os protagonistas da mensagem de Jesus. Pois foi pensando neles que o Senhor fez a Promessa que deve se realizar neste mundo real, a implantação do Reino de Deus.

BIBLIOGRAFIA
O POBRE: CRITÉRIO PARA A PROFECIA . José Comblin. In: A opção pelos pobres no século XXI. Pedro A. Ribeiro de Oliveira (Organizador). São Paulo: Paulinas 2011.

Ser seu Amigo!

Ser seu Amigo


"Se eu morrer antes de você, faça-me um favor. Chore o quanto quiser, mas não brigue com Deus por Ele haver me levado. Se não quiser chorar, não chore. Se não conseguir chorar, não se preocupe. Se tiver vontade de rir, ria. Se alguns amigos contarem algum fato a meu respeito, ouça e acrescente sua versão. Se me elogiarem demais, corrija o exagero. Se me criticarem demais, defenda-me. Se me quiserem fazer um santo, só porque morri, mostre que eu tinha um pouco de santo, mas estava longe de ser o santo que me pintam. Se me quiserem fazer um demônio, mostre que eu talvez tivesse um pouco de demônio, mas que a vida inteira eu tentei ser bom e amigo. Se falarem mais de mim do que de Jesus Cristo, chame a atenção deles. Se sentir saudade e quiser falar comigo, fale com Jesus e eu ouvirei. Espero estar com Ele o suficiente para continuar sendo útil a você, lá onde estiver. E se tiver vontade de escrever alguma coisa sobre mim, diga apenas uma frase : ' Foi meu amigo, acreditou em mim e me quis mais perto de Deus !' Aí, então derrame uma lágrima. Eu não estarei presente para enxuga-la, mas não faz mal. Outros amigos farão isso no meu lugar. E, vendo-me bem substituído, irei cuidar de minha nova tarefa no céu. Mas, de vez em quando, dê uma espiadinha na direção de Deus. Você não me verá, mas eu ficaria muito feliz vendo você olhar para Ele. E, quando chegar a sua vez de ir para o Pai, aí, sem nenhum véu a separar a gente, vamos viver, em Deus, a amizade que aqui nos preparou para Ele. Você acredita nessas coisas ? Sim??? Então ore para que nós dois vivamos como quem sabe que vai morrer um dia, e que morramos como quem soube viver direito. Amizade só faz sentido se traz o céu para mais perto da gente, e se inaugura aqui mesmo o seu começo. Eu não vou estranhar o céu . . . Sabe porque ? Porque... Ser seu amigo já é um pedaço dele!"

Vinícius de Moraes


Sexo e corpo: as palavras do desejo

Sexo e corpo: as palavras do desejo

quinta-feira, 8 de março de 2012

Dia Internacional das Mulheres.


Dia Internacional das Mulheres

"Você é bendita entre as mulheres, e é bendito o fruto do seu ventre!" (Lc 1, 42)

Quero, neste Dia Internacional das Mulheres, onde somos chamados a dedicarmos uma maior atenção as mulheres, lembrando, é claro, das manifestações das mulheres russas por melhores condições de vida e trabalho, PARABENIZAR a todas as MULHERES, que, de alguma forma, fizeram e fazem parte da minha vida.
Que Maria, a mais bendita das mulheres, interceda a seu filhos, Jesus Cristo, por todas vocês, pessoas especiais e amandas.
Rogo e me solidarizo, também, por todas aquelas que sofrem qualquer tipo de  violência e exclusão, que tenhamos coragem para denunciar todo tipo de mal contra as mulheres.
Que o dia de respeitar os seus direitos não seja apenas um, 08 de março, mas que saibamos valorizar todos os dias e cada vez mais a estas pessoas que tem as suas diferenças, mas que são iguais aos homens em dignidade. Seres que realmente fazem a diferença, mas que merecem os mesmos direitos dos varões, como bem nos diz a música de Zé Vicente: "Mulher e Homem, pessoas diferentes iguais... Mulher e Homem superioridade jamais...!"
Mais uma vez Parabéns, pessoas especiais, pelo Dia Internacional da Mulher! Felicidades!!!

Antonio Alves